La insuficiencia venosa: un trastorno frecuente

Por VIDA ESTÉTICA
Les Nouvelles Esthétiques (edición francesa) 
Fecha: 01/04/2013

Las piernas cansadas, la dificultad para permanecer de pie y los tobillos hinchados son signos que anuncian la insuficiencia venosa de las piernas. El modo de vida actual, unido a predisposiciones individuales (hereditarias, de sobrepeso), agrava este problema, que afecta al 30% de la población; el 50% de los afectados son mujeres.

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Eso significa que es una disfunción que sufren muchos pacientes y estos necesitan buenos consejos para combatirla. Una vez más, debemos ser capaces de responder a sus preguntas y de ofrecerles los mejores tratamientos. Para comprender mejor el problema de la insuficiencia venosa y conocer las soluciones para prevenirla y tratarla, te proporcionamos esta completa información.

El sistema venoso
Las venas conducen al corazón la sangre de los capilares distribuidos por todo el cuerpo. Su pared interna está provista de válvulas que sólo permiten el paso del fluido sanguíneo en una dirección e impiden su reflujo.

Las venas cumplen tres funciones capitales en el organismo:

–       Regular el retorno sanguíneo hacia el corazón.
–       Oponer resistencia a la gravedad.
–       Participar en la termorregulación del cuerpo.

Regular el retorno sanguíneo
El sistema venoso contiene cerca del 70% del volumen sanguíneo. La circulación en las venas es relativamente lenta, y la presión, siempre débil. Sus paredes extensibles pueden contraerse o distenderse considerablemente para variar el flujo sanguíneo en función de diversos factores: posición de la persona, actividad física, factores externos, etcétera. La distensión de las venas resulta de la presión ejercida por las contracciones musculares y de la presión de la sangre en el interior de la vena.

Algunas señales patológicas permiten descubrir la insuficiencia venosa:

–       Cansancio de las piernas, frecuentemente asociado a calambres y hormigueo;
–       Aparición de pequeñas venas azuladas (telangiectasias) y de varices antiestéticas. El conjunto de estas manifestaciones constituye el síndrome prevaricoso, que no significa necesariamente la aparición de varices.

Factores agravantes
Los antecedentes familiares y la fragilidad valvular por deformación congénita son los factores principales de insuficiencia venosa contra los que no es posible ninguna prevención. La única posibilidad, en estos casos, es retardar sus efectos y lentificar su evolución redoblando las precauciones.

Otras situaciones que pueden favorecer esta enfermedad crónica son:

–       Permanecer de pie mucho tiempo y dar pequeños y constantes pasos en un espacio reducido (dependientes de comercio, por ejemplo).
–       Vida sedentaria, falta de ejercicio.
–       Embarazo.
–       Todas las formas de calor.
–       Prendas de vestir ceñidas, tacones demasiado altos o bien muy planos.
–       Obesidad, alimentación rica en grasas, alcohol y tabaco.
–       Algunos medicamentos (contraceptivos orales, psicotrópicos, excitantes).
–       Modificaciones de la pared venosa sufridas en diferentes etapas (embarazo, menopausia, envejecimiento).

La insuficiencia venosa
Cuando las paredes venosa y linfática pierden tonicidad, el retorno venoso es más lento y la sangre se estanca en los capilares de las piernas causando cansancio y la aparición de edemas. Las piernas se hinchan y se vuelven sensibles.

Por otra parte, la modificación de la estructura de la vena puede conducir a una dilatación de la misma, parcial pero definitiva, formando una variz. La mejor forma de alivio consiste en mantener levantadas las piernas por encima del nivel del tórax con la mayor frecuencia posible.

Los trastornos hormonales alteran igualmente el sistema venoso (embarazo, menopausia, contraceptivos) y modifican la pared de la vena produciéndole pérdida de elasticidad y adelgazamiento, además de fragilizar las válvulas. La viscosidad de la sangre también está sometida a las variaciones hormonales.

Soluciones

Prevención e higiene de vida
La prevención es el mejor de los tratamientos. Una información a tiempo y una buena higiene de vida pueden, en la mayoría de los casos (no hereditarios), ser suficientes: ejercicio físico, alimentación sana y evitar las fuentes de calor. Otra de las medidas obligatorias es prevenir el sobrepeso y el estreñimiento.

Estas prácticas elementales mejoran el trabajo cardiaco, el mecanismo respiratorio y la contracción de los’ músculos de las piernas para favorecer un mejor funcionamiento del sistema venoso. Las obligaciones profesionales pueden imponer una posición de pie inmóvil. La contención elástica aporta en este caso la compensación a la falta de contracción externa venosa.

Oponer resistencia a la presión de la gravedad
En posición tendida, la presión hidrostática es regular, mientras que cuando se está de pie, por el contrario, se producen variaciones importantes de dicha presión entre las zonas altas y las zonas bajas del cuerpo. La gravedad aumenta la presión venosa en las piernas, haciendo que el retorno sanguíneo tenga, al mismo tiempo, que luchar contra esta presión y recorrer la distancia que va de los pies al corazón. Este trabajo es realizado por el sistema venoso profundo, que también hace las veces de depósito de llenado en el corazón y adapta el flujo sanguíneo al esfuerzo.

Participar en la termorregulación
El sistema venoso influye también en la regulación de la temperatura cutánea. Esta función es cumplida esencialmente por las venas superficiales, visibles a flor de piel, donde forman una malla azulada. Un enfriamiento local produce la reducción del calibre de las venas superficiales para minimizar la pérdida de calor. Por el contrario, las venas se dilatan por efecto del calor, aumentando de este modo la superficie de intercambio térmico con el exterior. Finalmente, las venas perforantes permiten la comunicación entre las venas superficiales y las profundas.

Contención elástica
Este sistema ejerce una acción inmediata particularmente eficaz. Las medias y pantys de contención favorecen el retorno venoso por la presión decreciente de su malla, de abajo a arriba, y ayudan a la actividad venosa en el momento en que el esfuerzo de ésta es más intenso.

Las medias y los pantys han de llevarse desde la mañana hasta la hora de acostarse. La regularidad de su uso aporta un alivio importante al cansancio de las piernas y a los edemas. En los estados prevaricosos, basta con una contención ligera.

El drenaje venoso
Vena y vaso linfático forman una unidad inseparable en la circulación de retorno. Los sistemas venoso y linfático están estrechamente relacionados entre sí y se comunican en algunos puntos de sus trayectos. Esas conexiones dan una gran flexibilidad de funcionamiento al conjunto, al tiempo que cada sistema mantiene un papel determinante:

–      Reabsorción de las proteínas para el vaso linfático.
–      Reabsorción de los líquidos para la vena.

Ambos son complementarios y, en caso de desbordamiento o de insuficiencia de uno de ellos, la mutua compensación permite restablecer el equilibrio circulatorio. Por esta razón, no existe ninguna insuficiencia aislada, ya sea venosa o linfática. La insuficiencia circulatoria de retorno es siempre más o menos global. En caso de fallo del sistema linfático, se produce una lentificación en el sistema venoso, e inversamente.

En caso de insuficiencia de la circulación de retorno es preciso combinar el drenaje venoso con el linfático.

El drenaje venoso consiste en un gesto simple que se practica antes de pasar al drenaje linfático. La depresión creada por el vaciado líquido de los grandes troncos venosos estimula indirectamente el bombeo Iinfático del líquido intersticial, que a su vez facilita el avance de la linfa así formada y, por consiguiente, la disminución de la éstasis.

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