Cómo saber lo que engordan los alimentos

Por Europa press
Fecha: 28/01/2018

Para determinar qué alimentos engordan a la población deben considerarse varios factores: la composición de los alimentos; la frecuencia y cantidad de consumo; el efecto fisiológico real que ejerce sobre nuestro cuerpo dicho alimento, y la habilidad del cuerpo para autorregular su ingesta; o la disponibilidad y presión social de consumo (a través de publicidad, por ejemplo).

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“Sin tener en cuenta estos componentes, no se podrá señalar de forma adecuada qué alimentos están contribuyendo a que la población engorde o enferme de otras patologías crónicas, como enfermedades cardiovasculares y cáncer”, advierte en una entrevista con Infosalus Eduard Baladia, miembro del Centro de Análisis de la Evidencia Científica de la Academia Española de Nutrición y Dietética.

Así pues, con estos factores dice que se puede desmitificar el posible efecto adverso de algunos alimentos, que por su composición, podrían ser dañinos para la salud, pero que no son un problema real de salud pública. Por otro lado, dice que se pueden señalar “con mucho más acierto” los alimentos o bebidas que están siendo el “gran enemigo de la salud pública del siglo XXI”.

Por ejemplo, cita al aguacate, a las aceitunas o a los frutos secos, algunos de esos alimentos que a menudo son señalados como aquellos a limitar en cantidad por su composición, y por el supuesto riesgo suponer a la hora de padecer sobrepeso, a pesar de ser reconocidos en general como alimentos saludables.

Así, destaca que el contenido calórico del aguacate y de los frutos secos, o el contenido en sal de las aceitunas, es decir, su composición, es la que provoca esta preocupación pero, ¿qué ocurre con los otros dos componentes?

“Por ejemplo, el aguacate, a pesar de ser mucho más calórico que el resto de frutos, la forma en la que es consumido (tanto a nivel de frecuencia como en cantidad; por ejemplo como ingrediente de una ensalada) por parte de la población, así como la posibilidad de financiar una alimentación que incluya de forma excesiva este alimento, ya que es muy caro, hace que sea improbable que pueda existir un consumo excesivo de este alimento, y que a la larga favorezca el aumento de peso”, subraya el especialista.

En el caso de los frutos secos, el miembro de la Academia Española de Nutrición precisa que va un poco en la misma dirección, pero con la añadidura de que se tienen estudios que indican que, incluso en consumos bastante altos, no existe riesgo de aumento de peso debido a su gran poder de saciedad. “Al final del día consumiremos menos de otros alimentos porque consumir frutos secos, simplemente, nos quita el hambre; la autorregulación es muy buena en este caso”, añade.

LOS PRINCIPALES ENEMIGOS DE LA SALUD PÚBLICA

A su juicio, en el otro extremo están las bebidas azucaradas o “los mal llamados refrescos” y la bollería. “Quizás no sea una sorpresa, pero ahora mismo son los principales enemigos de la salud pública del siglo XXI, especialmente responsables de la obesidad en todo el mundo”, resalta Baladia. Sobre su composición descarta una densidad energética muy alta, ya que son fácilmente disponibles por su bajo precio y por encontrarse en cualquier lugar y a cualquier hora (con máquinas de vending, por ejemplo).

“Existe una gran presión social de consumo a través de millonarias campañas de comunicación que lo promueven, y finalmente nuestro organismo autorregula muy mal su consumo; es decir, que es muy fácil consumir cantidades increíblemente altas de estos productos porque tienen un bajo efecto en la saciedad”, añade.

IMPRECISIONES

Por otro lado, el miembro de la Academia Española de Nutrición llama la atención sobre el hecho de que cuando se simplifican los sistemas para explicarlos de forma sencilla, se cometen ciertas imprecisiones, y es justamente lo que pasa cuando se quiere explicar que el exceso de ingesta calórica con respecto al gasto (a través del ejercicio físico), es el responsable del sobrepeso y de la obesidad.

“Es una simplificación con imprecisiones ya que existe un complejo sistema hormonal regulador, que se modula en función de la composición de los alimentos, de la frecuencia y de la cantidad de consumo, y que depende, en algunas ocasiones, de variantes genéticas (es decir que hay ciertas personas que tendrán respuestas reguladoras distintas a los mismos estímulos)”, indica.

“¿Qué es lo que más engorda en un alimento? Así de forma simple, que tengan una alta densidad energética (muchas calorías en poco volumen), que tengan un porcentaje alto de azúcares libres y de grasas, y un bajo aporte de fibra. Por ejemplo, los frutos secos tienen una alta densidad energética, un porcentaje alto de grasas pero son ricos en fibra. Los estudios muestran que su consumo a voluntad no altera el peso porque la población suele autorregular muy bien su ingesta”, señala.

Sin embargo, avisa de que las galletas con edulcorantes (sin azúcares añadidos) y con fibra sí presentan una alta densidad energética, un porcentaje alto de grasas, pero son ricos en fibra. “A pesar de ello son considerados bollería que contribuye al aumento del sobrepeso y de la obesidad”, sentencia.

Con ello, recuerda que los productos de alta densidad energética, señalados por los estudios son: las bebidas azucaradas o refrescos, así como las bebidas energéticas o la bollería de todo tipo, desde galletas hasta bollos.

Finalmente, advierte de que el sedentarismo juega un importante papel en todo el proceso, no sólo por el gasto energético que implica, sino también por su impacto en la regulación hormonal de la ingesta, y por el estado emocional de la población (la ingesta emocional también está contribuyendo). Tanto es así, advierte, de que el sedentarismo se asocia a patrones de estilo de vida y de alimentación poco saludables.

“El sedentarismo se asocia con la elección de alimentos de más alta densidad energética, como las bebidas azucaradas y la bollería, así como con ingerir alimentos delante de una pantalla, lo que provoca una ingesta involuntaria (así lo dicen los estudios, comer delante de la tele supone una sobreingesta por estar despistado). En cambio, la actividad física se correlaciona con mejores elecciones de alimentos saludables, como frutas y hortalizas, y con menor consumo de bebidas azucaradas y de bollería. Es decir, la actividad física no sólo contribuye al gasto energético, sino también a la conducta humana, incluyendo la alimentaria”, concluye el experto en nutrición.

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